Desesperado pedido de dos padres en un caso conmocionante

VIOLENCIA DE GÉNERO

23/03/2015 Clarín

“Mataron a nuestra hija como a un perro y crían a nuestros nietos” Por el crimen de Rosana Galliano condenaron al ex y a su madre. Tienen prisión domiciliaria y viven con los dos chicos.

Mariana Iglesias miglesias@clarin.com

Graciela está charlando con su nieto que se baña cuando suena el celular. Atiende, es la otra abuela del nene, que pide hablar con él.

–Hola, sí, ya le paso.

–Hola abuela… hola papá…

La taquicardia agita el corazón de Graciela, que no se anima, pero pregunta igual.

–Mi amor… ¿tu papá está en tu casa? –No… no… es otro hombre al que le digo papá.

Al rato, ya seco y cambiado, el nene rompe en llanto.

–Abuela, te mentí, papá está en casa…

Así Graciela se enteró que José Arce, condenado por el homicidio de su hija, Rosana Galliano, había logrado la prisión domiciliaria.

Arce (64) y su madre, Elsa Aguilar, fueron condenados a prisión perpetua por haber mandado a matar a Rosana en enero de 2008.

Los dos accedieron al beneficio de la prisión domiciliaria (ella por la edad, tiene 84; él alegó cierta enfermedad y dejó la cárcel en enero), y son los que viven y crían a los dos pequeños hijos de Rosana en una casa de Pilar. Cuando la mataron los nenes tenían 3 y 5 años. Hoy tienen 10 y 12. Desde el asesinato de Rosana, sus padres, Graciela (60) y Reinaldo (65), piden la tenencia de sus dos nietos. No lo lograron. Lo único que les dieron es un régimen de visita: los pueden ver fin de semana de por medio. Y bajo las condiciones que puso Arce: los nenes no pueden ver a sus tíos (Rosana tenía tres hermanos), ni seguir un tratamiento psicológico.

Para los padres de Rosana la situación es desesperante. Para los especialistas consultados por Clarín, es una aberración jurídica. La historia no es única. Son muchos los padres acusados de femicidio que crían a los hijos de la mujer a la que mataron. La Asociación Civil La Casa del Encuentro presentó un proyecto de Ley de Pérdida Automática de Patria Potestad (ver aparte).

“Que Arce y su madre vivan con los chicos es el paradigma de la injusticia. ¿Qué grado de cuidado y educación les pueden dar a esos niños? Acá no se contemplan los derechos de los chicos, que tampoco tienen un abogado del niño que los defienda”, dice Fabiana Túñez, al frente de asociación.

El pedido de tenencia se tramita en el juzgado número 5 de San Isi dro, a cargo del juez Carlos Ruiz, que se excusó de atender a Clarín.

La pregunta al juez es: ¿Por qué le permite a dos condenados por asesinato criar a dos pequeños y les niega esa posibilidad a dos abuelos dispuestos –que además tienen otros nueve nietos–, y a tres tíos que también luchan por verlos? “Es un horror. Se están vulnerando los derechos de estos chicos, obligados a vivir con los dos condenados por matar a su madre.

Se están criando en un ambiente nocivo para su crecimiento. Es una aberración jurídica, y la actuación de la Justicia es pésima”, dice a Clarín Nora Schulman, directora ejecutiva del Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

“Tenemos miedo de que le hagan algo a los chicos. Ya está demostrado que son dos personas que no tienen sentimientos –dice Graciela–.

No entiendo a la Justicia, que deja que dos criaturas vivan con dos condenados, dos asesinos. Lo único que nos quedó de nuestra hija son nuestros nietos. Es desesperante.

Nos mataron a nuestra hija como a un perro y encima tiene el beneficio de estar en su casa y criando a nuestros nietos”.

Graciela cuenta que los sábados que los nenes se quedan en su casa le piden dormir con ella. Ella se acuesta en el medio y no duerme en toda la noche. Los acaricia como a dos cachorros hambrientos de cariño.

 

Qué dice la ley El inciso 3 del artículo 307 del Código Civil indica que puede privarse al progenitor de la patria potestad si está en peligro la seguridad o la salud física o psicológica del niño mediante malos tratos. De comprobarse que el progenitor no es idóneo para la tenencia del menor de edad, se abre una proceso tutelar.

En esa instancia, los abuelos, tíos o hermanos pueden hacerse cargo de la crianza de los niños. La ley no es específica en caso de femicidio y sólo se le quita la tenencia al progenitor si atenta contra la vida del hijo, no de la madre.

 

En el Congreso

 

Un proyecto para la quita de la tenencia

 

La Casa del Encuentro acaba de presentar en el Congreso el proyecto de ley para que los condenados por femicidios pierdan la patria potestad de los hijos que tengan con su víctima. Ya lo había presentado el año pasado, pero no se trató. Fabiana Túñez, al frente de entidad, explica que el proyecto de ley apunta a dar solución a “una infinidad de casos iguales al de Rosana Gallliano que ocurren en todo el país. Sólo una cultura patriarcal y machista puede permitir que los chicos vivan con los asesinos de sus madres”.

 

Reclamo. Reinaldo y Graciela piden la tenencia de sus nietos desde 2008. Sólo les dieron visitas. Néstor Sieira

 

Una relación patológica Opinión Andrés Rascovsky De la Asociación Psicoanalítica Argentina

 

Existe la convicción de que el desarrollo infantil esta sostenido en un medio familiar suficientemente bueno, ello implica que el desarrollo psíquico requiere un clima de afecto y ternura que mitigue el impacto traumático, de situaciones violentas familiares o el impacto de situaciones del mundo exterior que vulneren a la familia, y se tornen trágicas para los niños expuestos a ellas.

También implica la existencia de ciertas funciones paternas como la autoridad, la ética, lo cual significa el desarrollo de ideales y valores, la provisión de identificaciones, la protección familiar brindada por la función materna de cuidado, alimentos, calor, y ese registro tan delicado que una madre tiene de las necesidades de su crío.

De muchas de estas semillas iniciales se construye luego un psiquismo de ideales normales, respeto al otro y la confianza en los vínculos y en la verdad.

El padre es un proveedor de identificaciones y encarna un proyecto para el hijo varón.

Las alteraciones tan graves del medio familiar, la violencia y el odio, las tensiones extremas que conducen a un asesinato por encargo introducen un desgarro de la tela psíquica, una tragedia que ignorada o evitada en la familia retornará constantemente, generando alteraciones en el desarrollo, pérdida de los ideales, duelos patológicos, identificaciones patológicas, dificultades en el anhelo de saber o en la conducta. Es difícil comprender aún sin otros elementos para evaluar el hecho que sea el mismo padre que ha sido condenado por su destructividad asesina en un vínculo con su propia madre, lo cual revela una relación altamente patológica que sea el encargado de criar sin asistencia psíquica que tramite esta tragedia a estos desafortunados niños.

Es la patología de una sociedad que carece de la ética suficiente y tolera la impunidad, sin medir las consecuencias para la siguiente generación, estos y muchos otros niños.