Acumulación desmedida

TRABAJO ESCLAVO

11/05/2015 Tiempo Argentino

La muerte de dos chicos en un taller clandestino de Flores es la punta del iceberg de un sistema de explotación sin límites.
Jorge Muracciole | sociólogo y docente (UBA)

La muerte por asfixia de dos chicos de cinco y diez años, por el incendio de un taller textil clandestino en el barrio de Flores, puso luz a un siniestro fenómeno extendido pero al mismo tiempo invisibilizado por la concurrencia de tres factores: intereses de significativos empresarios de la industria de indumentaria que tercerizan su producción, la vista gorda de los responsables del área de inspecciones del gobierno de laCiudad, y el blindaje de determinados medios periodísticos, que sólo dan un espacio limitado al tema, cuando la noticia se transforma en catástrofe. Este siniestro hecho es tan sólo la punta de un iceberg, que desde hace años la organización La Alameda ha denunciado y en la última semana ha sido reforzada dicha demanda por distintas agrupaciones barriales, dándole estado público a través de un mapa de 170talleres clandestinos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires donde son sometidos a la modalidad de trabajo semi-esclavo a miles de trabajadores y trabajadoras en su mayoría migrantes de países limítrofes. Importando por parte de destacadas marcas de indumentaria un modelo de relaciones de trabajo de extrema precariedad en el ámbito de la producción y de la gestión de la mano de obra.
A escala mundial, la globalización de la economía ha propuesto un nuevo modo de vinculación a nivel de la producción, la distribución y la comercialización de bienes y servicios, poniendo al mundo como el espacio privilegiado donde es posible realizar la ganancias empresariales.
Esta situación, en conjunto con políticas de libre mercado y de promoción industrial mediante exenciones impositivas, dio lugar a la ocurrencia de procesos de relocalización territorial de la producción industrial en función de la obtención de menores costos de producción.
En este contexto, las grandes empresas crearon una estrategia con el fin de minimizar los riesgos.
Así, la “externalización” de la producción consiste en contratar empresas en diversas partes del mundo que se ocupen de producir y también de contratar a los trabajadores que realicen sus productos.
De esta manera, la empresa reduce sus operaciones concentrando las fases del proceso productivo con mayor valor agregado, como son la publicidad y el marketing. Este modelo optimizó las ganancias empresarias y precarizó en forma extrema la gestión de la mano de obra. Pero este fenomenal sistema de acumulación de ganancias empresarias, se oculta la otra cara de la misma moneda, la conformación de importantes yacimientos de trabajo semiesclavo, principalmente en los países emergentes, a donde se ha derivado la producción de las prendas. Incursionando ese perverso sistema a casos dantescos como el derrumbe de un taller de ocho pisos, en abril del 2013, en la ciudad de Dacca, en Bangladesh, donde murieron más de 300 trabajadores y trabajadoras.
Operarios precarizados que cobraban la suma de dos dólares diarios, para confeccionar indumentaria para compañías como las españolas El Corte Inglés u otras destacadas empresas de indumentaria como Mango, C&A, Kik y Walmart.
La situación en Argentina no es cualitativamente distinta, en una franja de trabajadores instalados en la precariedad, si nos retrotraemos a los inicios de la crisis de la industria textil. “Entre 1995 y el 2000/1 el sector textil casi desapareció, por las política de Convertibilidad, y la política cambiaria del uno a uno. Es indudable que la gran crisis que sufrió la industria nacional golpeó a unos sectores más que a otros. Dentro de ellos, la industria textil en general fue una de las más afectadas. En los ’80 había 4000 empresas textiles en el país. Fueron desapareciendo casi todas las grandes, Castelar, Textil Oeste, Danubio, La Hidrófila, Alfa, Grafa, Stándard Textil, Tibat, M.A.S.A., I.V.A., etcétera El cierre de fábricas durante ese período fue preocupante, ocasionando una pérdida de 180 mil puestos de trabajo. Revirtiéndose esa situación, con un gran crecimiento desde 2002 en adelante, con ritmos superiores que el resto de sectores en una economía en plena expansión.
En el caso específico de la indumentaria, los ciclos de producción también se modificaron, con posterioridad de la crisis la realización de colecciones por temporadas de bajo stock por parte de pequeñas y medianas empresas comenzó a incrementarse en detrimento del modelo de producción estandarizada sostenido durante todo el año (D’Ovidio, 2007). Tal como se mencionaba, el proceso de producción comenzó a dividirse, conservando sólo dentro del establecimiento registrado a las tareas nodales para la creación de “valor agregado” (diseño, imagen, etc.) y, en algunos casos, a aquellas vinculadas con la “optimización” de la materia prima (corte y moldería). Así las empresas mantuvieron el trabajo de diseño, comercialización, imagen, moldería y corte, y comenzaron a tercerizar la confección, terminaciones y planchado en talleres o talleristas intermediarios. Estos se ocupan de subcontratar a trabajadores/as a domicilio o a otros talleres, proceso que es efectuado eventualmente también por los propietarios de los talleres más pequeños (Adúriz, 2009). Este sistema productivo, ha generado una creciente precarizción de la mano de obra de talleristas clandestinos que garantizan a un bajo precio prendas para innumerables empresas con gran incidencia en el mercado prêtà- porter, este mecanismo de externalización manifiesto intenta invisibilizar la responsabilidad de las grandes marcas en esta operatoria de denigración laboral y ubica en una perpetua indefensión a una ingente masa de trabajadores en negro, sin ningún tipo de cobertura legal. La situación es más grave si sumamos que el poder de fiscalización e inspección del gobierno de la Ciudad es manifiestamente ineficiente, y el accionar judicial y policial acciona con una lentitud por lo menos sospechosa.
Ante la repercusión mediática del incendio de la calle Páez, la justicia realizó en la última semana ocho allanamiento en la Ciudad de Buenos Aires y rescató seis víctimas de trata para explotación laboral. Es de esperar que la presión de las organizaciones vecinales, sindicatos y los organismos que deben encargarse de fiscalizar las relaciones laborales junto con la justicia pongan luz e impartan justicia ante una práctica empresarial que, con el propósito de incrementar sus beneficios en forma desmedida, implementan prácticas de explotación sin límite, sobre miles de trabajadores indefensos.

Los intereses de empresarios de la indumentaria que tercerizan su producción, ante la vista gorda de los responsables del área de inspecciones del gobierno de la Ciudad.