Quieren hacer un hotel, un museo y comercios en el Autódromo para poder recuperarlo

PROYECTO DE LEY

14/09/2015 Clarín

Mención Justicia porteña

El proyecto del macrismo prevé cederlo en concesión a privados por 30 años a cambio de que restauren la pista y las tribunas. Hay críticas.
Pablo Novillo pnovillo@clarin.com

Fue escenario de momentos históricos del automovilismo argentino y sede de la Fórmula 1. Pero hoy es casi un fantasma. El Autódromo porteño está deteriorado al punto tal que ya ni siquiera se usa para las categorías clásicas como el TC y el TC 2.000. El Gobierno porteño tiene un plan para recuperarlo pero con una concesión a privados por 30 años, quienes podrían poner comercios, un museo y hasta un hotel. Esta iniciativa ya genera discusiones con la oposición.
El Autódromo Oscar y Juan Gálvez fue inaugurado en 1952 y alojó 20 veces el Gran Premio de Fórmula 1 de Argentina, más otros diez grandes premios de motociclismo e innumerables carreras de las categorías locales. Sin embargo, en los últimos años se fue deteriorando y hoy sólo aloja categorías zonales.
El punto más bajo en su historia lo alcanzó el 20 de julio pasado, cuando la Justicia porteña lo clausuró justo en la previa de una carrera de Súper TC 2000 (se corrió igual sin habilitación). Las inspecciones habían detectado riesgo de derrumbe en ciertas instalaciones, falta de protección en el tendido eléctrico, ausencia de luces de emergencia en las escaleras de las tribunas y otras irregularidades. La concesión actual vence el año que viene y está en manos de Autódromo Ciudad de Buenos Aires S.A. (ACBA).
Desde entonces empezó a cobrar fuerza el proyecto del macrismo, que ahora llegó a la Legislatura y está siendo tratado en las comisiones.
La idea es crear un fideicomiso con empresas que tengan la explotación del predio durante 30 años, y que estén obligadas a recuperar la pista, las tribunas y el resto del predio, que tiene 160 hectáreas. Claro que a cambio les darían permisos para edificar locales comerciales y gastronómicos, un hotel, un museo temático y otras instalaciones para recaudar dinero, además de crear una escuela de pilotos, entre otras iniciativas.
En el Gobierno porteño aseguran que todas las actividades estarán relacionadas con el automovilismo y la industria automotriz, como concesionarias o show rooms para las fabricantes. También afirman que el Estado conservará el poder de veto sobre algún proyecto, y que se les dará participación a las instituciones del automovilismo y el motociclismo.
El proyecto de ley plantea que la cesión se haga tras una licitación, y que las empresas puedan descontar del pago de Ingresos Brutos las inversiones que hagan en el Autódromo, que podrían rondar los 50 millones de dólares.
Para el PRO, esta iniciativa permitiría no sólo recuperar la pista para el deporte sino que también crearía muchos empleos, ayudaría a impulsar el Sur de la Ciudad y se integraría al Distrito del Deporte, creado por ley en diciembre último (ver El Distrito…).
Pero la iniciativa tiene sus críticas.
Adrián Camps, legislador del Frente ECO, aseguró: “La concesión implicaría edificar donde hoy hay espacios verdes. Por un lado el macrismo dice que quiere que haya una plaza cada cuatro cuadras pero por el otro le entrega a privados un sector amplio en una de las últimas reservas de espacio verde de la Ciudad.
Tampoco está explicitado en el proyecto de ley cuál sería el canon que deberían pagar los concesionarios”.
En tanto, Alejandro Bodart, diputado del MST, agregó: “Según el PRO, esto haría más atractivo al autódromo. Pero es falso: el Estado bien podría modernizarlo y administrarlo sin privatizar ni dar exenciones fiscales ni, lo que es más grave, habilitar indirectamente la venta de esas tierras por simple decreto como sucede con el fideicomiso”.
El lunes pasado funcionarios del Ministerio de Desarrollo Económico visitaron la Legislatura para darles a los diputados detalles del proyecto. La aprobación no parece sencilla, porque necesitan 40 votos sobre 60, y además la ley debería ser votada una vez, luego pasar por una audiencia pública obligatoria y finalmente por una segunda aprobación.

Pequeñas categorías. Ya ni el Súper TC 2000 ni el TC se corren en el Autódromo Gálvez. Hoy lo usan categorías amateurs y de baja cilindrada para carreras zonales. alfredo martinez

Fue ley de la Legislatura en diciembre    El Distrito del Deporte, un incentivo para desarrollar el Sur La recuperación del Autódromo sería parte del desarrollo del Distrito del Deporte, que fue creado en diciembre pasado por una ley de la Legislatura.
El Distrito abarca la Comuna 8, los barrios de Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Riachuelo. La idea es que las empresas que se dediquen a la industria del deporte puedan instalarse en la zona, para lo cual el Gobierno porteño las exime del pago de los impuestos locales durante un plazo que va entre los 10 y los 20 años.
Pueden aprovechar esta posibilidad las fábricas de artículos deportivos, de embarcaciones o las empresas de servicios orientados al deporte. Se trata de un sector que genera 30.000 puestos en la Ciudad.
El objetivo del Gobierno es desarrollar el Sur de la Ciudad, porque además de las empresas que se instalarían en la zona también habría mejoras en el espacio público, como arreglos de espacios verdes o de la iluminación, y llegarían más cámaras de seguridad y efectivos de la Policía Metropolitana.
La Comuna 8 ya tiene un perfil favorable para el deporte, por la abundancia de espacios verdes y porque hay varios clubes, por ejemplo. Además será una de las zonas de la Ciudad donde se concetrarán más competencias cuando se relicen los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. De hecho, la Villa Olímpica, donde se alojarán los deportistas, será construida en el parque Roca y luego aprovechada para viviendas sociales.
El Distrito del Deporte se suma al Tecnológico, el Audiovisual, el de las Artes y del Diseño. “El Distrito del Deporte es lo que le faltaba a la zona sur de la Ciudad para seguir creciendo”, aseguró Francisco Cabrera, ministro de Desarrollo Económico.

De ícono automovilístico al triste abandono Análisis Miguel Angel Sebastián msebastian@clarin.com

Seguramente tendrá el tono nostálgico del tango la visión que el mundo del automovilismo nacional se hará del Autódromo porteño, al comparar esta lamentable y oscura actualidad con el brillo de aquellos inolvidables momentos de tribunas repletas que vivió durante muchos años con la Fórmula 1, los 1.000 Km de Sport, la llegada de los antiguos Grandes Premios de TC, las 24 Horas de Turismo, los Mundiales de Motociclismo, las finales de TC, y más recientemente los 200 Km de TC 2000 y la Carrera del Año del Top Race; estos ya en los que fueron los últimos destellos de esos días de gloria que hoy son imágenes y recuerdos cada vez más lejanos.
Qué tristeza da pensar que este Autódromo, hoy casi en abandono, fue durante varias décadas un orgullo para los tuercas argentinos.
Orgullo que nació junto a su creación en 1952, cuando ante el pedido de Juan Manuel Fangio y José Froilán González, el entonces presidente Juan Perón lo hizo construir para recibir a la Fórmula 1, y que perduró en el tiempo mucho más que los nombres que fueron variando (17 de octubre y Municipal) junto con los vaivenes políticos del país, hasta quedar fijo en el de los hermanos Oscar y Juan Gálvez, merecido por cierto, pero que por su actualidad flaco favor le hace a los grandes campeones de TC.
Entristece ver cómo se ha perdido ese entusiasmo que todos teníamos por el Autódromo. Hasta hace unos años era considerado la catedral de los circuitos argentinos e incluso hubo momentos en que fue ejemplo de seguridad en el ámbito internacional. Era asimismo el lugar donde todo piloto soñaba con ganar porque era la mejor vidriera y donde ya en la época de los patrocinantes y los visitantes VIP constituía el lugar indicado para exponer sus productos y mostrarse. Hoy, sumido en la dejadez, por desidia y negligencia propias e intereses ajenos que buscan su desaparición, su nombre genera rechazos. Al punto que este año por primera vez no recibió la vista de ninguna de las principales categorías nacionales.
Hasta dos fieles seguidores como el TC y el Súper TC 2000 le soltaron la mano, cansados de lidiar con sus falencias y chicanas burocráticas. Solo la frecuentan categorías menores ante tribunas despobladas, que acentúa “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser?”. La esperanza con esta nueva etapa está en que vuelva a ser lo que fue. Su desaparición sería imperdonable.