Los barras siempre son locales

VIOLENCIA EN EL FÚTBOL 

29/09/2015 Clarín

Dos tremendas agresiones ocurridas el domingo reavivan el tema de la violencia en el fútbol. La presencia de los visitantes no es lo central.
Oscar Barnade obarnade@clarin.com

Sucede en Villa Ballester, en el club Las Heras, en un partido de Futsal entre Chacarita (local allí) y Nueva Chicago, este domingo 27: unos 30 barras de Chacarita agreden a los jugadores, delegados y familiares del equipo de Mataderos. Sucede en Tucumán, también el domingo 27, en un partido de la zona 9 del Federal B entre Deportivo Aguilares y Almirante Brown: barras locales se meten en la cancha, violentan a los jugadores rivales y la peor parte se la lleva el arquero Orlando Gómez. Sucede, hace unos días, en Córdoba, en el entrenamiento de Belgrano: los barras cuelgan una bandera que insulta a los jugadores y hay gritos y amenazas. Sucede en Mendoza, el 4 de septiembre, en Godoy Cruz 0-Racing 1: van 25 minutos y la barra del Tomba, que presiona a su presidente, rompe todo y logra suspender el partido.
Sucede en Ituzaingó, en la Villa Olímpica de Vélez: la barra, enojada por la mala campaña, presiona al juvenil plantel. Sucede en Villa Devoto, en el entrenamiento de Lamadrid, que está cerca de descender a Primera D: los barras aprietan, amenazan y le rompen el tabique nasal al volante Marcelo Burzac. Sucede, siempre sucede.
Sean muchos o pocos, de Primera, del Ascenso, de una liga local o de Futsal, los violentos se visibilizan.
Los otros, los hinchas, los socios, mayorías silenciosas, los padecen, los invisibilizan y no pueden ir a otras canchas. De a poco, en cuentagotas, vuelven los visitantes, pero los barras siempre son locales.
Sucede en las calles de Rosario y la agresión es contra un emblema de Newell’s: barras balean el frente de la casa de la abuela de Maxi Rodríguez. Sucede en Mendoza, en un encuentro de la Zona 11 del Federal B entre Argentino y San Martín: como va perdiendo el local, los barras de Argentino invaden la cancha y suspenden el partido. Sucede en mayo, en la Bombonera, en el Superclásico, el choque más trascendente del país: salen los jugadores visitantes al segundo tiempo y un grupo de barras los agreden con gas pimienta y el partido no sigue. En esa misma cancha, no hay visitantes pero hay dos barras, dos de La Doce: la oficial y la disidente.
Sucede en Parque Patricios, en abril, en el estadio Ducó, ante Tigre: se producen incidentes entre la barra local y la Policía. Sucede en Sarandí, en marzo, un lunes por la noche: los barras de Arsenal destruyen un patrullero, hay incidentes y el partido no sigue. Sucede en Laferrere, también en marzo, un día de semana: la barra se pelea con la Policía y los alrededores del estadio es un caos. Sucede todo en 2015. Sean muchos o pocos, las barras siempre son locales.
Cuenta Orlando Gómez, el arquero agredido en Tucumán el domingo: “Cuando llegamos al club empezaron a llegar los hinchas.
Había un hincha con un revólver en la mano, me hacía ver el revólver, me dijo que si ganábamos nosotros no salíamos de ahí. No le contesté”.
Y después, relata la agresión: “Festejé el gol. No vi que entraran los hinchas y sentí un golpe fuerte en la pierna derecha”. Después, le pegaron en el suelo. Un testimonio entre miles de testimonios.
Los barras son locales porque continúan dominando la escena a gusto y con violencia, con la connivencia (a veces miedo) de los dirigentes, los políticos y las fuerzas de seguridad. En cuatro partidos volvieron los visitantes y no pasó nada. Porque este punto no es el problema. El problema es que se hace poco o nada para que los barras dejen de ser locales.

Esto pasó en un partido de Futsal. El rostro de Ariel Porta, delegado de Nueva Chicago, tras el ataque de hinchas de Chacarita.

En la cancha. Port el Federal B, hinchas de Deportivo Aguilares atacaron a los jugadores de A. Brown de Lules.

Apretada. De los barras a los jugadores de Belgrano. @elsolonline