Dos de cada diez médicos son víctimas de la violencia física de sus pacientes

VIOLENCIA

30/11/2015 Clarín

Lo reveló una encuesta porteña. Es por las largas esperas, la exigencia de recetas de psicofármacos sin enfermedad mental y certificados de ausentismo laboral sin causa.

También afecta a otras provincias.
Insultos. Familiares de una paciente que murió en un hospital de Monte Grande, en una protesta en septiembre pasado. Gustavo Ortiz

Valeria Román vroman@clarin.com

Entran en la guardia del hospital y pretenden que los atiendan rápido e incluso antes que a otros pacientes.
Tienen un familiar grave y presionan por su curación o si se muere, denuncian mala praxis. Van al consultorio y exigen certificados para justificar ausencias en el trabajo aunque no sufren enfermedad alguna, o piden recetas con psicofármacos que no necesitan. Esas situaciones son algunas de las que gatillan la violencia contra los médicos, los enfermeros y el resto del personal de los hospitales. Un problema que se da más en ciudades grandes del país, que afecta más a profesionales jóvenes y mujeres, pero indirectamente lastima a los demás pacientes. Los que tienen la misión de cuidar la salud de los demás se sienten desprotegidos.
En 12 de los hospitales públicos de la ciudad de Buenos Aires, el 19% de los médicos sufrió empujones o golpes fuertes que obligaron a tratarse y a estar de licencia, según una encuesta realizada a 729 profesionales por la Asociación de Médicos Municipales. Además, el 74% declaró que recibió insultos por parte de pacientes y familiares.
Los más insultados o golpeados son los médicos de guardia, los que auxilian en la calle o a domicilio, y las médicas jóvenes.
“Hasta ahora no lamentamos ninguna víctima, pero el temor es grande. Porque los médicos nos formamos para curar y cuidar a nuestros pacientes. En algunos hospitales, hay cámaras de vigilancia, botones antipánico, entradas blindadas, pero no alcanza. La sociedad no toma conciencia de que hay pacientes y familiares que agreden a quien lo va a curar. Los médicos se enfrentan a la paradoja de saber que deben atender a quien lo puede lastimar”, dijo a Clarín Jorge Gilardi, presidente de la asociación que hizo la encuesta.
El problema de la violencia contra los médicos es una preocupación creciente en la Argentina.
“El problema es serio. Si bien no hay un registro nacional, nuestra percepción es que aumentan los insultos y las agresiones. Algunos pacientes o familiares van con armas de fuego al hospital. Por temor a represalias, muchas veces los médicos no denuncian”, contó Jorge Coronel, secretario gremial de la Confederación Médica de la República Argentina (COMRA).
En algunos casos se producen problemas de insultos y agresiones por parte de bandas con aerosoles y bombos que ingresan en los hospitales de Capital Federal, Rosario, Mendoza, y el Conurbano. “Reclaman atención urgente. A veces hay guardia policial, pero no siempre.
Son situaciones traumáticas para los profesionales, que repercuten en otros pacientes. Porque hay médicos que renuncian y los cargos no son cubiertos. O porque los médicos vuelven a la atención, pero se sienten con una amenaza continua para sus propias vidas”, agregó Coronel. La preocupación hizo que por primera vez el congreso de la Sociedad Argentina de Cardiología dedicara días atrás una sesión especial a la violencia contra los médicos.
“Una vez que empieza un hecho de violencia en el hospital, se hace muy difícil diferenciar al agresor de la víctima. Solemos estar en el medio de una guardia, con mucha gente y con un ambiente en el que todo es confusión, de ahí la importancia de adoptar todas las medidas para controlar los ingresos”, detalló Marcelo Struminger, jefe de la unidad coronaria del Hospital Santojanni de Capital, uno de los disertantes de la sesión.
En tanto, Cecilia Pozzo, coordinadora de la Mesa por los hospitales libres de violencia, impulsada por el Ministerio de Salud bonaerense, expresó que se están realizando acciones para apuntar a las causas del problema: “En los hospitales bonaerenses, hay más personal de seguridad y cuidadores hospitalarios, que son personas que dan orientación y acompañan a los pacientes. También hacemos talleres de capacitación sobre los derechos y los deberes de los médicos y los pacientes, como una manera de mejorar la comunicación y reducir la violencia”.
En 2012, la violencia contra los médicos entró en la agenda de la asamblea anual de la Asociación Médica Mundial: se advirtió el problema afectaba “la calidad del ambiente de trabajo y tiene un potencial impacto perjudicial para la calidad de la atención recibida por los pacientes”. Impulsó que en cada país se hagan protocolos que incluyan una política de tolerancia cero para la violencia en el hospital, un plan de acción para cuando ocurra algún episodio, registrar los casos, y asegurar que los empleados que denuncien no sufran represalias. Según Struminger, “debe haber oficina de informes, libro de quejas, superiores que escuchen a los pacientes, áreas físicas de espera y de atención adecuadas, más médicos y técnicos. Si la gente se siente bien atendida, habrá menos chances de que se pongan violentos”.

Enfermos más intolerantes, falta de recursos y de educación.

Opinión.
Roxana Kreimer.
Dra. en Ciencias Sociales (UBA)

Sería raro que en una sociedad en la que los atentados a la propiedad privada son frecuentes, una institución pública como el hospital quedara eximida de ese riesgo.
Aunque un policía escoltara a cada trabajador, el problema no se resolvería si no se baja la desigualdad, que es el factor que más correlaciona con la violencia social en la revisión más grande realizada hasta el momento, a cargo de Pablo Fanjnzylber y equipo para el Banco Mundial.
Cuando la brecha entre ricos y pobres se amplía, el ciudadano deja de identificarse con el Estado y a menudo expresa su indignación atacando a las instituciones públicas.
El segundo factor asociado a la violencia en hospitales es la dificultad para gestionar el conflicto de manera no violenta. Cuando una persona se enferma, su nivel de tolerancia suele descender.
Según el testimonio de algunos médicos, el problema se agrava por el desprecio y el maltrato que en ocasiones pueden sufrir los pacientes más humildes.
Es posible enfrentar este problema con el desarrollo de recursos para una comunicación no violenta y con una formación en derechos humanos, un entrenamiento que puede brindarse a través de las asignaturas inteligencia emocional o filosofía práctica en el sistema educativo formal, y mediante protocolos destinados a médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud.
Numerosos conflictos se originan en las supuestas demoras y en la falta de turnos para ser atendido. Esto podría resolverse al aumentar el personal o al colocar dispositivos electrónicos que informen al paciente sobre la demora estimada.
Por último, no es infrecuente que personas con problemas psiquiátricos y de adicción a drogas de abuso agredan a las enfermeras y a las asistentes sociales en hospitales, como el Moyano. Solo en ese caso la fuerza policial parece ser el recurso más efectivo.
“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”, señaló Pitágoras.

Testimonio.
Stella Maris Gilabert.

Me rodearon y me pegaron una trompada en la nuca”

Endocrinóloga. Trabaja en el hospital de Monte Grande. G. DELL ’ORO

Me senti absolutamente desamparada.
No podia creer que en mi propio lugar de trabajo, que siento como si fuera mi casa, me estuvieran agrediendo”, dice Stella Maris Gilabert, medica endocrinologa que desde hace 30 anos trabaja en el Hospital Policlinico Sofia Terrero Santamarina de Monte Grande, en el partido de Esteban Echeverria.
El 18 de setiembre pasado sufrio la agresion fisica menos pensada.
Como siempre habia llegado a las 7.30 de la manana. Eran las 2 de la tarde y seguia atendiendo pacientes en el consultorio.
“De repente, escuche gritos y golpes, y sali a ver que pasaba en el pasillo –conto a Clarín–.
Me encontre con un grupo de personas que estaban escribiendo las paredes con grafitis en contra de medicos acusados por dos supuestas mala praxis en otras areas del hospital. Les sugeri no pintar las paredes y les dije que el hospital era un lugar publico.
Que todos lo teniamos que cuidar.
Pero me empezaron a insultar.
Despues volvi a mi consultorio, y a las 4 de la tarde, cuando estaba saliendo del hospital, me rodearon, me tiraron del pelo y me pegaron una trompada en la nuca.
Tuve una semana de licencia, con antiinflamatorios y varios estudios por la ART. Aun no dejo de asombrarme, porque yo ni siquiera habia atendido a los pacientes por los cuales reclamaban”.

Antecedentes

El 29 de setiembre de 2014, una anestesista del hospital Mercante de Jose C. Paz fue golpeada por dos hombres que ingresaron armados y reclamaban psicofarmacos. Otros empleados denunciaron que sufrian el robo de sus bolsos.

El 30 de octubre de 2015, una residente del Hospital Peron de Avellaneda fue insultada y golpeada en su rostro por un familiar del paciente que atendian en la guardia.

El ultimo 11 de abril, dos jovenes ingresaron a la guardia del Hospital Rivadavia. Aunque fueron atendidos, amenazaron con jeringas usadas a medicos y enfermeros. Exigian que se los asistiera rapido, porque uno de los dos tenia una herida cortante.
Una semana antes, una enfermera habia recibido una trompada en la nuca por parte del familiar de un paciente.

En junio, un medico del hospital Pinero, Julio Wakugawa, fue golpeado por el padre de una paciente que no estaba conforme con la atencion de la guardia.
Sufrio una crisis y debio ser trasladado a terapia intensiva.