En los juicios por jurados no alcanza con el sentido común

JUICIOS POR JURADO

24/02/2017 – Clarín 

Tiempo atrás me tocó ser integrante del jurado en uno de los juicios por jurados.

Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

Nuestra tarea consistía en decidir la culpabilidad o inocencia de la parte acusada, protagonista de un hecho de sangre que suponía otros posibles delitos.

De los tres días de planteos y deliberaciones, puedo señalar que: 1) En el jurado de seis varones y seis mujeres existían niveles de preparación diferentes. 2) La fiscalía hizo una reconstrucción oral de los hechos coherente, pero no logró evitar que algunos de sus testigos fueran imprecisos y hasta contradictorios, y los policías testigos no añadieron nada esclarecedor. Se notó la falta del aporte de una Policía Científica calificada, que estableciera certezas y disipara el estado de duda, cosa que obraría sobre la sentencia. 3) La defensa se limitó a trabajar sobre la falta de pruebas objetivas indiscutibles, y logró que el juez autorizara la exposición detallada del estudio de un perito oficial en Trabajo Social respecto al marco desolador del que provenía la parte acusada, cosa que conmovió a parte del jurado.

Las instrucciones dadas por el juez, previas a las deliberaciones del jurado, pusieron en zozobra a varios, pues les resultaba difícil conjugar la presunción de inocencia con pruebas de culpabilidad más allá de toda duda.

La mayoría del jurado interpretó que había suficientes razones para mantenerse en la duda respecto a los hechos, y se volcó al “pro reo”. La ley moral natural hace evidente a toda persona normal, y éste era el caso, el límite que separa lo bueno de lo malo. Todos saben que no se debe matar, robar, violar, maltratar, etc., y estos mandatos deben ser mantenidos por todos, aun en las peores situaciones socioculturales, dado que esos mandatos morales vienen incorporados a la naturaleza humana, y por eso la Justicia debe ser la misma para todos.

Los juicios por jurados son formas hermosas de participación ciudadana en la administración de la Justicia, pero no alcanza con sólo el sentido común, en especial cuando las evidencias objetivas aportadas son insuficientes para los no letrados.